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*O.M-R. – “En la defensa que ahora ofrezco al público, detallo los eventos que llevaron a mi excomunión y destitución del cargo, y sólo pido a mis hermanos y conciudadanos su juicio imparcial”. Así empieza The Autobiography and Justification of Johannes Ronge, sacerdote católico, exiliado en Londres, fundador de los nuevos católicos alemanes a mediados del siglo XIX y acusado de simpatizar con el comunismo. Desde que se considerara un género literario propio y se acuñara formalmente el término autobiográfico a finales del siglo XVIII, generaciones de líderes políticos, religiosos y otros lo han utilizado para explicar y justificar su vida y sus actos. Sin embargo, no deja de llamar la atención el éxito sin precedentes de algunas obras más recientes de esta naturaleza en nuestra propia lengua y entorno.

El pasado 9 de mayo, en un multitudinario acto en la Feria del Libro de Buenos Aires, la expresidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner presentaba Sinceramente; una reflexión autobiográfica sobre sus vivencias como primera dama, presidenta y expresidenta perseguida por la justicia con una mirada particular sobre la situación pasada y actual del país americano. El libro alcanzó un récord nunca visto de 215.000 ejemplares vendidos en apenas una semana, convirtiéndose, asimismo, la versión digital, en número uno global en Amazon. “Un libro de campaña”, escribía sin ambages la BBC. Y, aunque CFK no aclaró en la presentación si concurriría a las elecciones presidenciales este otoño, el carácter de mitin que tuvo el evento se confirmó una semana después: Fernández de Kirchner anunció entonces por Twitter la candidatura de Alberto Fernández a presidente y la suya a vicepresidenta; maniobra que sorprendió a propios y extraños.

Sin llegar a las cifras de Sinceramente, el Manual de resistencia de Pedro Sánchez, con una tirada inicial de 28.000 ejemplares y una segunda edición apenas una semana después de su publicación el 19 de febrero pasado, también ha sido considerado un éxito editorial. Objeto del mismo tipo de polémica en torno al oportunismo de su autor, el de Sánchez fue también interpretado como un libro de campaña. A tenor de los resultados de las elecciones del 28-A, ¿podría concluirse que cumplió con éxito esta función? Parece, en todo caso, que la primicia del libro de Sánchez dejó fuera de juego a algunos de sus rivales políticos que tenían la intención de compartir sus vivencias en el mismo formato.

Explica Ruth A. Banes que las autobiografías de los primeros prohombres de la democracia representativa, como John Adams o Benjamin Franklin, se caracterizaban por presentar al lector un yo ejemplar, regido por valores y principios universales, en el que la individualidad, el ego, permanece en un segundo plano. Las autobiografías de los líderes políticos contemporáneos tienden a buscar la empatía del lector, mostrando el lado humano, cotidiano e imperfecto de quien las escribe sin dejar de proyectar un yo ambicioso, capaz, forjado, frecuentemente, en condiciones adversas. “Yo me caí y me he vuelto a levantar… eso es ejemplarizante”, dijo Sánchez en la presentación de su libro en un conocido hotel de Madrid.

Portada de la primera publicación en inglés de la autobiografía de Benjamin Franklin, J. Parson’s, Londres, 1793. (Wikimedia Commons)

Hay quienes discuten la veracidad de las autobiografías, pero para muchos críticos literarios se trata de un ejercicio trivial. En la mayoría de los casos, la intención de quien relata su vida o una parte de ella es ofrecer una versión auténtica de lo vivido, pero esto no es sinónimo de un relato exhaustivo de todos y cada uno de los hechos realizados y palabras expresadas por el autor durante el periodo sobre el que escribe. La memoria humana es, inevitablemente, selectiva. La autenticidad, dirían algunos críticos, reside más en la capacidad del autobiógrafo para recrear el contexto y las emociones que envolvieron esos hechos y palabras. “El libro te da la posibilidad de la palabra perfecta”, decía Kirchner en la presentación de Sinceramente, refiriéndose a la oportunidad para meditar y volver sobre cada palabra que ofrece la escritura, más sosegada, de un libro, comparado, añadía, con la de un discurso político. Es más, se da la paradoja de que la libertad que permite la ficción redunda en una descripción más realista de la vida de alguien que cuando se limita al uso escrupuloso de fuentes documentales. Así, se llega a hablar de autoficción, un híbrido de la autobiografía y la novela.

Abrumados por el ruido mediático, no es sólo que numerosos políticos busquen explicarse y hacerse justicia, sino que, parece, muchos ciudadanos desean conocer la verdad de sus líderes de primera mano en un ejercicio íntimo, sin interrupciones, de lectura. Y mejor, si es entretenida.

Olivia Muñoz-Rojas

*Este artículo se publicó originalmente en la sección de Opinión de El País el 21 de mayo de 2019.

 

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