Home

*O. M-R. – Pocos esperaban que el vigésimo aniversario del 11-S coincidiera con el fulgurante triunfo de los talibanes y el descalabro de la administración creada en Afganistán al amparo de las fuerzas aliadas a lo largo de las dos últimas décadas. Recordemos que, tras el atentado de las Torres Gemelas en 2001, la presencia de los talibanes en Afganistán sirvió de justificación para la invasión del país por Estados Unidos y sus aliados en su guerra contra el terrorismo islámico. En las pasadas semanas se ha escrito mucho sobre las diferentes razones que explican este trágico cierre de ciclo. Numerosos autores señalan la falta de conocimiento y comprensión del país asiático por parte de los expertos que han asesorado a los gobiernos aliados, especialmente, al de Estados Unidos como explicación de este fracaso. “Los llamados ‘expertos’ son tan culpables como los políticos torpes”, afirma el politólogo Abdelwahab El-Affendi. Otros autores atribuyen la escasa solidez de las instituciones afganas a la corrupción que, aunque históricamente endémica, se ha visto agravada por la omnipresencia de intereses económicos extranjeros y el comercio ilícito de opio. Para Patricia Grossman, responsable de Asia en Human Rights Watch, junto a la corrupción, la violencia y los abusos cometidos por las fuerzas aliadas sobre la población civil afgana explican, asimismo, la falta de legitimidad de las instituciones de gobierno creadas bajo tutela internacional. Se señala también la indómita geografía afgana como razón objetiva de la dificultad para ‘construir’ país, esto es, erigir infraestructuras y extender la presencia del Estado a todos los rincones de un territorio aún hoy escasamente urbanizado y poblado por diferentes tribus. Finalmente, estaría lo que William D. Hartung denomina el ‘efecto boomerang’ de la política exterior estadounidense.

En 1978, los llamados muyahidines se rebelaron contra el régimen de ascendencia soviética nacido de la Revolución de Saur. Su ala más islamista y reaccionaria se convirtió en aliada de Estados Unidos en la lucha contra la posterior ocupación soviética del país. Explica el historiador Ali Olomi que la administración estadounidense, no sólo aportó apoyo logístico y financiero a los muyahidines, sino que contribuyó a su radicalización ideológica, entre otros, a través del material educativo que distribuía en las escuelas islámicas con el fin de hacer a los jóvenes estudiantes más combativos. Es así como los hijos y nietos de los aliados muyahidines se convirtieron en el sanguinario enemigo talibán.

La historia reciente de Afganistán no es ajena a la de otros países, por ejemplo, en América Latina, que han visto cómo, con frecuencia, las intervenciones extranjeras se basan en análisis errados que generan situaciones contradictorias en las que los aliados de ayer pasan a ser los enemigos de hoy y viceversa. Con todo, el estrepitoso fracaso de las potencias occidentales tras su dilatada presencia en el país asiático tiene algo de inédito. Hay en él una suerte de consumación del profundo reacomodo existencial que vive Occidente desde hace dos décadas. Se intuye el fin de un paradigma en política internacional erigido sobre dos pilares finalmente irreconciliables: el primero, una retórica universalista sobre la necesidad de extender los derechos y las libertades democráticas en todo el mundo; el segundo, una praxis imperialista tradicional basada en la defensa de los intereses geopolíticos y económicos propios. El cinismo que algunos atribuyen a las declaraciones de Joe Biden para justificar la retirada de sus tropas sobre la urgencia de, por encima de todo, proteger al pueblo estadounidense no sería sino el reconocimiento de que resulta imposible, incluso innecesario, continuar manteniendo la retórica sobre la defensa universal de los valores democráticos. Se instala en las relaciones internacionales –y, en general, en el ejercicio del poder–, una retórica y unas formas crecientemente crudas o abiertamente autoritarias. Lo vemos desde hace un año y medio en la gestión de la pandemia, cuando los Estados aplican políticas sanitarias no contrastadas y restringen derechos y libertades, escudados en la emergencia sanitaria que les exime de rendir cuentas ante la ciudadanía.

Sucede que los ideales se agotan cuando la distancia entre estos y los deseos reales de la mayoría de la población se agrandan. Desde el 11-S, y de modo especialmente flagrante a lo largo de la pandemia, hemos visto cómo las sociedades occidentales, supuestos referentes en materia de democracia y libertad, asumen con naturalidad políticas públicas poco transparentes que suspenden y condicionan sus derechos y libertades, pues, por encima de todo, desean seguridad y comodidad. En un sentido más profundo, esta creciente falta de convicción en la defensa del ideario democrático que observamos en Occidente explicaría también su fracaso en Afganistán. Dicho sencillamente, convencer a otros del valor de los principios democráticos cuando tú ya no los valoras –y tampoco los respetas sobre el terreno, como alega Grossman– se vuelve una tarea imposible, si no superflua. Es posible que en la tragedia que vive Afganistán no sólo se cumpla el manido aforismo de ser “la tumba de imperios”, sino que el fracaso de las potencias aliadas en el país asiático condense las contradicciones del modelo de democracia occidental de posguerra y su implantación en el mundo, dejando entrever su ocaso.

Olivia Muñoz-Rojas

*Este artículo se publicó originalmente en una sección especial de Clarín dedicada al vigésimo aniversario del 11-S el 11 de septiembre de 2021 y en una versión algo más breve en su edición impresa.

**Ilustra el post una litografía de un volumen titulado ‘La toma de Ghuznee y Kelat’ de W. Taylor según el teniente Thomas Wingate, 2º Regimiento Real de la Reina, 1839 (c). Museo Nacional del Ejército Británico (Wikimedia Commons)

Leave a Comment

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s