Home

*O. M-R. – El filósofo español Francisco Martorell Campos acaba de publicar Contra la distopía (La Caja Books), un análisis del relato distópico y un alegato a favor de la imaginación utópica. Si bien la imaginación distópica prolifera desde el siglo XIX, cuando surgen los primeros síntomas de malestar motivados por una industrialización y urbanización cada vez más aceleradas; considera el autor que, desde el cambio de siglo, la distopía ocupa un lugar creciente, llegando a convertirse en los últimos años en un fenómeno de masas. Desde novelas como El cuento de la criada de Margaret Atwood hasta series como ‘Black Mirror’, pasando por videojuegos como el reciente remake de ‘Final Fantasy’, no hay más que examinar las listas de producción literaria y audiovisual de mayor consumo para constatar la fascinación que ejerce este género en la actualidad.

“Las distopías se dividen, a grandes rasgos, entre las que critican el presente y las que critican las políticas de cambio radical”, escribe Martorell en un artículo previo al libro. Es más, lo que constituye una utopía para unos –por ejemplo, una sociedad sin clases y sin Estado– aparece como distopía para otros. Aunque, matiza el autor, rara vez sucede lo inverso, que un escenario concebido como distópico resulte utópico para alguien. Reflejo de un malestar y un diagnóstico pesimista sobre el presente, señala el autor que el pensamiento distópico de nuestra época posee una novedad respecto de manifestaciones anteriores y es que se gesta en la ausencia de utopías.

Las generaciones nacidas tras la caída del Muro de Berlín han crecido en el entendimiento de que no existe otro sistema que el capitalista, como si de una ley de la física se tratara. There is no alternative (No hay alternativa), la expresión acuñada originalmente por el partido conservador británico bajo Margaret Thatcher, recoge gráficamente esta realidad mental colectiva. La masificación del imaginario distópico obedecería al sentimiento de que no hay escapatoria a un futuro que no puede ser sino una versión degradada del presente. El carácter apocalíptico de la imaginación distópica contemporánea –“es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo”– cumple, sugiere Martorell, una función legitimadora del sistema, pues nos transmite tácitamente la idea de que el momento presente no es, finalmente, tan malo comparado con el futuro que nos aguarda. Visto de otro modo, podría ser que las evocaciones de un futuro distópico o apocalíptico cumplieran una función catártica: al conjurar la distopía, la alejamos de nosotros. Pero podría ocurrir todo lo contrario, que los escenarios distópicos operaran como profecías autocumplidas. Martorell hace referencia, por ejemplo, al reclutamiento de escritores de ciencia ficción para asesorar al Ejército francés sobre cómo prepararse para amenazas futuras. No es difícil imaginar que, en la labor de anticipar dichas amenazas, se terminen desarrollando estrategias e instrumentos que contribuyan a materializarlas.

‘The future is unwritten’
(El futuro está por escribir.)
Pintura urbana en la plaza
Igor Stravinsky, París.
Foto de la autora.

¿Qué pasaría si, en lugar de destinar ingentes recursos a anticipar nuevos riesgos y amenazas, se invirtieran en pensar cómo construir sociedades más libres y armónicas que las actuales? En otras palabras, ¿qué sucedería si en lugar de autores de obras distópicas se reclutara a pensadores utópicos? “La utopía es una provocación”, escribe el joven filósofo Jonny Thomson. Es “un experimento mental” que nos invita a cuestionar, a imaginar que otro mundo, otras convenciones, son posibles. Si bien a estas alturas de la Historia, pocos intelectuales piensan que las utopías deben tomarse o realizarse al pie de la letra, enfatizan, por una parte, su valor crítico –“es la voz audaz y valiente que desafía el statu quo”, escribe Thomson– y, por otra, su capacidad para inspirar a la acción. “Quizá la mejor manera de ver la utopía, y el pensamiento utópico en general, es como un arco iris. Cuanto más nos acercamos a él, más se aleja. Aunque nunca lo alcanzaremos, su existencia nos impulsa a seguir adelante”, concluye.

Para el joven historiador Rutger Bregman –autor de Utopía para realistas (2017), en donde aboga por una renta básica universal, una semana laboral de 15 horas y un mundo sin fronteras– “en su origen, los grandes hitos de la civilización siempre llevan la marca de la utopía”. Citando al teórico Albert Hirschman, nos recuerda que las utopías “se condenan con tres argumentos: su futilidad (no son posibles), su peligrosidad (los riesgos son demasiado elevados) y su perversidad (degenerarán en distopía)”. Sin embargo, cuando una idea utópica se realiza “se convierte en absoluta normalidad” –pensemos, por ejemplo, en la, en su momento, utópica idea de la jornada laboral de ocho horas.

Urge superar el espíritu distópico que impregna nuestro tiempo y que nos sume en la apatía y la resignación, o peor, nos consume en un miedo atroz al mañana. Para recuperar el impulso utópico, plantea Bregman, tenemos que “dejar de consumir nuestro propio descontento a través de las encuestas y de unos medios de comunicación centrados de manera incesante en las malas noticias”. Y “tendremos que regresar otra vez a la política” para identificar “nuestro idealismo compartido”.

Olivia Muñoz-Rojas

*Este artículo se publicó originalmente en Clarín el 13 de noviembre de 2021.

3 pensamientos en “Que regresen las utopías

  1. Muy interesante el tema y tu interpretación.
    En mi opinión, las noticias actuales son distópicas; y la publicidad utópica; juntas son la locura.
    En política, el gobierno es utópico y la oposición distópica; en conjunto, también la locura.

Leave a Comment

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s