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OPINANTAS / A. Lagostini – Cuando el pasado lunes 3 de febrero se iniciaba en Francia el examen del proyecto de reforma de las pensiones en el Parlamento, el Gobierno seguía reclamando su urgencia. ¿Por qué tanta prisa? El Consejo de Estado, máximo órgano judicial del país, lamentó a principios de enero la prisa del Gobierno por introducir esta reforma y sólo dispuso de tres semanas para examinar los dos proyectos de ley. (Por cierto, dado que aderezamos con el término ‘emergencia’ todos los asuntos relacionados con la situación económica del país, convendría recordar que más de mil médicos de urgencias, que algo sabrán del tema, renunciaron colectivamente a mediados de enero para denunciar la falta de recursos en los hospitales. Queda claro que el concepto de emergencia no goza de un significado unánime en nuestro país.)

La actual reforma de las pensiones tiene muchos puntos sensibles. Al nivel de la batalla de la opinión pública, los que apoyan la reforma buscan en lo posible dividir a la población, insistiendo en la cuestión de los regímenes especiales y acusando a sus beneficiarios de privilegiados. Ante la desaparición de sus regímenes, estos presuntos privilegiados estarían luchando egoístamente para mantenerlos. Algunos oficios y cuerpos profesionales, como bomberos y abogados, que no suelen movilizarse, salieron a las calles en esta ocasión. El Gobierno hizo rápidamente concesiones respecto de sus regímenes especiales –a la policía, a los marineros– sin que fueran presentados mediáticamente como colectivos privilegiados. Mientras tanto, los empleados de la RATP (Régimen autónomo de transportes parisinos) son atacados sistemáticamente sin haber obtenido concesión alguna.

La urgencia de la reforma se justifica por parte de sus defensores por el número de baby boomers que se encuentran al final de su carrera: en los países donde opera un sistema de pensiones de reparto, los jóvenes, se dice, ya no podrán asegurar las contribuciones de las personas mayores… Francia, sin embargo, sigue siendo el país más fértil de Europa (+ 164,000 personas en 2017) y tiene un saldo migratorio significativo (+ 69,000 personas en 2017).

¿Extender el período de cotización? ¿Posponer la edad de base de la jubilación? ¿Acaso los fanáticos defensores del texto ignoran a esos mayores de 60 años agotados por la dureza de su trabajo, los gestos repetitivos, y las consecuentes y dolorosas reclasificaciones laborales, que les llevan, a su vez, a bajas por enfermedad? ¿Tal vez el objetivo sea trabajar hasta morir? ¿Trabajar toda tu vida para, luego, en el momento de la jubilación, cuando imaginas que vas a tener tiempo para ti mismo, enfermar rápidamente y no recibir ya tratamiento porque eres demasiado viejo? Ver tu esperanza de vida echada a suerte con el famoso cálculo ‘años de vida ajustados por la calidad’ a partir del cual, por tu edad y esperanza de vida, resulta o no rentable que recibas tratamiento médico. Esto ya sucede en los Países Bajos, donde muchos de sus nacionales buscan tratamiento en la vecina Bélgica que les dispensa los cuidados que les niegan en su propio país, más o menos explícitamente, por razón de su edad.

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Manifestación contra el proyecto de reforma de las pensiones del Gobierno de Emmanuel Macron en diciembre pasado. Pancarta que llama a la movilización general. Autor: Patrice Calatayu (Wikimedia Commons)

 

¿Y si resulta que esta reforma no es tan urgente en términos de financiación de las pensiones como lo es en términos ideológicos? ¿Y si, después de la reforma del seguro de desempleo del pasado 1 de noviembre, cuyas consecuencias aún no podemos valorar, la urgencia consiste en ir más allá en la ruptura del modelo social francés inspirado en el programa del Consejo Nacional de Resistencia de 1944? ¿Indicarle claramente a la sociedad que marchamos en la dirección opuesta? Recordemos que al final de la guerra, con el país destruido por un conflicto mundial sin precedentes, al igual que muchos de sus vecinos, el gobierno francés decidió establecer un sistema social igualitario conforme a la idea de que una sociedad con menos desigualdades presenta un menor riesgo de conflicto. La seguridad social es un elemento esencial, cuyo nacimiento en 1945, gracias al ministro Ambroise Croizat, ha rastreado de forma admirable Gilles Perret en la película documental La sociale (2016). La solidaridad entre las generaciones, base del pacto social, fue reclamada entonces. Hoy se ve cuestionada con el cambio, poco a poco, de un sistema de reparto a un sistema individualista. Quienes rechazan hoy la reforma son acusados ​​de conservadurismo. Se les percibe como anclados en el pasado, porque defienden logros sociales; mientras que aquellos que socavan el pacto social se proclaman revolucionarios (recordemos que la obra del presidente Macron, cuando aún no lo era, llevaba por título Revolución, en forma de programa político). Sabemos lo que valen las ideologías que se hacen valer de un hombre nuevo.

Con la bajada anunciada de las pensiones, lógicamente, recurriremos al ahorro para garantizar nuestra jubilación. ¿Y quiénes serán los grandes ganadores? Los ‘administradores de activos’ y sus famosos fondos de pensiones, como BlackRock, cuyo patrón francés, Jean-François Cirelli, recibió la Legión de Honor de manos del primer ministro Edouard Philippe; hecho que ha sido suficientemente comentado como para detenernos más sobre el asunto.

No voy a epilogar. Me parece que ‘Los economistas aterrados’ [Les économistes atterrés, colectivo de académicos y expertos economistas críticos] que reivindican otras políticas económicas y sociales, han hecho, como siempre, un notable trabajo de deconstrucción de las ideas preconcebidas sobre las pensiones que puede consultarse aquí. También ofrecen soluciones alternativas para mejorar la financiación de las futuras pensiones. ¡Buena lectura!

Amélie Lagostini

Mediadora socio-cultural.

(Traducción de O.M-R. Texto original en francés disponible aquí.)

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