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O.M-R. – La mayoría de las mujeres reconocerá la situación: asistimos a un concierto o una obra de teatro, llega el intermedio y acudimos al baño. Mientras los varones circulan con fluidez, entrando y saliendo del aseo, las mujeres nos formamos en una larga cola frente al baño de mujeres con cara de resignación, apretando los músculos de la vejiga, y mirando el reloj para ver si nos dará tiempo de pasar antes de que termine el intermedio. Una vez lo conseguimos (si lo hacemos) y nos encerramos en la cabina del sanitario, buscamos dónde colocar el abrigo y el bolso. Con suerte habrá un gancho sobre la puerta y, con mucha suerte, una repisa detrás del sanitario. A menudo no habrá ninguna de las dos cosas y tendremos que hacer equilibrios varios para sujetar ambos en el aire, mientras nos desvestimos y posicionamos sobre el sanitario, evitando en lo posible el contacto físico con éste y con toda superficie por temor a los diversos gérmenes que, suponemos, los habitan. Después de aliviar nuestra vejiga buscamos con mano tentativa el papel higiénico que debería asomar del sujetador metálico, pero, oh, sorpresa, ya no queda papel. Gracias a nuestras habilidades contorsionistas  conseguimos pescar un kleenex del bolso para poder secarnos. No hace falta añadir que toda esta operación se vuelve todavía más compleja para las mujeres mayores, las embarazadas o aquellas que carecen de buena condición física y las pertinentes habilidades acrobáticas.

Baño de mujeres estación de St Pancras

Cola frente al baño de mujeres en la estación de St Pancras, Londres. En contraste, la ausencia de cola en el lado masculino.

 

¿Por qué el derecho a ir al baño en igualdad de condiciones – sin tener que esperar largas colas y pasar incomodidades sustanciales – no está en ninguna agenda social y política? Algunos piensan que las colas en los baños de mujeres se deben a que pasamos mucho tiempo arreglándonos y maquillándonos en estos espacios. Esto es falso. Las cabinas en las que se hallan los inodoros están separadas de la zona de lavabos y espejos en la mayoría de los casos. Otros afirman que las colas se deben a que tardamos más en ir al baño. Esto sí es correcto. Efectivamente, según un estudio realizado por la doctora Sandra Rawls de la Universidad de Virginia, de media, las mujeres tardamos casi tres minutos en ir al baño y los hombres apenas 84 segundos. Ahora bien, la pregunta es, ¿por qué es esto así? ¿Cómo se explican la postura, el tipo de equipamiento y los espacios que usamos unos y otros para aliviar nuestra vejiga?

Para numerosos pensadores como Simone de Beauvoir, Norbert Elias y Sigmund Freud aprender a ir la baño constituye un momento fundamental en la vida del individuo que, en Occidente al menos, marca la diferenciación entre géneros y nos familiariza desde la infancia con las ‘leyes de segregación urinaria’, en palabras de Jacques Lacan. De Beauvoir, en El segundo sexo, explica cómo las niñas aprenden a ocultarse y a agacharse. Para ellas, aliviarse se convierte en una actividad íntima y privada, así como un momento de gran vulnerabilidad. Los niños, en cambio, son entrenados a orinar de pie, una postura menos expuesta. Para ellos, además, el ser vistos orinando es más aceptable socialmente. Nuestra ropa actual – especialmente la interior – se corresponde con esta segregación, obligándonos a las mujeres a desvestirnos para poder hacer pis. Pero no siempre fue así. No hace tantas generaciones las mujeres llevaban exclusivamente faldas o vestidos y la ropa interior femenina tenía la entrepierna abierta, permitiendo potencialmente aliviarse con facilidad en cualquier lugar. Y así sigue sucediendo hoy en día en algunas culturas indígenas, por ejemplo.

Existen aparentemente tres formas de abordar el problema de las colas. La primera pasa por ampliar el número de sanitarios en los baños de mujeres. Lo habitual es aplicar una regla de paridad literal en el diseño, incluyéndose el mismo número de sanitarios/urinarios en el baño de mujeres que en el de hombres. Pero, dado el tiempo desigual que necesitamos unos y otros para aliviarnos, sabemos cuál es el resultado de esta distribución. En Estados Unidos, las llamadas potty parity bills (leyes para la paridad de la espera en los baños públicos) buscan alcanzar ratios de al menos dos sanitarios en el baño de mujeres por cada urinario/sanitario en el de hombres. En algunos estados la ratio es de hasta 3,75:1. La desventaja de esta solución reside en el coste y, en ocasiones, la dificultad en hallar el espacio necesario para colocar más sanitarios. Conviene resaltar que, históricamente, la falta de espacio para instalar baños para mujeres se ha utilizado como argumento para privar a éstas del acceso a instituciones como universidades, cámaras legislativas, etc. Un reconocido catedrático de la Escuela de Derecho de Harvard recuerda como hasta los años 50 ésta era una de las razones esgrimidas para no admitir a mujeres en la Escuela.

La segunda solución consiste en aprender a ir al baño de manera diferente. A finales del siglo XIX, tal y como explica la profesora Barbara Penner (University College London), se experimentó en Londres con los llamados urinettes, urinarios femeninos públicos, adaptados a las faldas y pololos de la época. No tuvieron demasiado éxito, pues, al mismo tiempo imperaba la moral victoriana, según la cual era poco conveniente para una mujer realizar sus necesidades fuera de casa. Desde entonces, la idea del urinario femenino se ha retomado en diferentes momentos como alternativa al inodoro convencional. En los años 90, Kathleen Kidder Jones patentó el She-inal, un urinario provisto de una manguera que las mujeres debían ajustar a sus genitales. Siguieron otros modelos parecidos, aunque ninguno logró implantarse de manera universal. Un ejemplo exitoso y más reciente es el She-Pee, utilizado por primera vez en el festival de música de Glastonbury, Reino Unido, en 2004: un espacio separado para las mujeres, provisto de urinarios, en el cual se les facilita un cono de cartón plastificado desechable para poder orinar de pie. El uso de estos prototipos desechables (P-mate, Urinelle, etc.) sí ha logrado mayor éxito, sobre todo entre las mujeres jóvenes, y especialmente en eventos multitudinarios al aire libre donde se consume mucha bebida y donde aliviar la vejiga se vuelve un reto para las asistentes.

La tercera solución, probablemente la más sencilla, es democratizar las colas diseñando exclusivamente baños mixtos. Sin embargo, con ello no necesariamente remediamos el problema de las largas esperas ni el de la incomodidad derivada del uso público del actual modelo de inodoro.

El año pasado, la ONU aprobó una resolución que designa el 19 de noviembre como el Día Mundial del Retrete. Otras organizaciones internacionales como la World Toilet Organization llevan celebrándolo desde 2001 con el fin de crear conciencia de una problemática que, finalmente, no afecta sólo a las mujeres: el 40 por ciento de la población mundial carece de servicios sanitarios. Sin embargo, las consecuencias para las mujeres de esta carencia son especialmente graves. Los responsables de los programas de salud en países en desarrollo han identificado una relación muy clara entre la presencia de baños para niñas en les escuelas y la continuidad de su educación. Si las niñas llegan a la adolescencia y su primera menstruación y carecen de aseos, aumenta la probabilidad de que abandonen sus estudios. En Q2P, un excelente documental realizado en Mumbai y Delhi por la cineasta india Paromita Vohra, las mujeres entrevistadas explican que, ante la falta de baños públicos para ellas, procuran no beber ningún líquido o contenerse hasta regresar a su casa, a veces después de todo el día, con los consiguientes problemas de cistitis y otras infecciones urinarias que muchas de ellas padecen. Lamentablemente, muchas mujeres en esta parte del mundo también preferimos contenernos antes que quedar atrapadas en la cola del baño y llegar tarde a la segunda parte de la obra de teatro o a esa reunión profesional tan importante. Olvidamos que aliviar la vejiga es un derecho, no un privilegio.

Olivia Muñoz-Rojas

Si te ha interesado este artículo, te puede interesar el proyecto Femmes et WC que aborda esta temática desde la investigación y el arte. Lo puedes encontrar en la portada de este blog o pinchando aquí.

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