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O.M-R. – Vaya por delante que estoy entre aquellos que valoran muy positivamente el reciente debate organizado por El País con los principales candidatos a la presidencia del Gobierno de España en las próximas elecciones generales y del que se ausentó el actual presidente. Quizá fue, efectivamente, un punto de inflexión y en el futuro se identificará como el parteaguas entre la vieja y la nueva política, el comienzo simbólico de la segunda transición o, desde una perspectiva más modesta, la escenificación de un relevo generacional en la política española. Para muchos ciudadanos – especialmente los jóvenes – supuso una bocanada de aire fresco poder ser testigos, como han señalado ya muchos analistas, de un intercambio ‘de tú a tú’ a ese nivel, e imaginar cómo puede ser un futuro parlamento, un futuro gobierno, en el que, además de llamar a tu contrincante por su nombre de pila, es posible reírte espontáneamente de su ironía y ocurrencias. No hay duda de que el debate encarnó un insólito cambio en las formas.

La pregunta es si ese cambio se reflejó en el contenido del debate. Me refiero, concretamente, a la asombrosa ausencia de la cuestión del medio ambiente y la justicia climática, por una parte, y lo superficial del tratamiento de la temática de género y la desigualdad entre hombres y mujeres que persiste en prácticamente todos los ámbitos. Nos encontrábamos en la mismísima jornada de apertura de la Cumbre sobre Cambio Climático en París, y a pesar de que el moderador se refirió al principio a ésta y dio a entender que se hablaría de ella en el debate, no hubo alusión alguna a la Cumbre posteriormente. Tampoco escuchamos a los candidatos referirse a la lucha contra el cambio climático entre sus prioridades y, aunque hubo propuestas relacionadas con el medio ambiente y las energías renovables, no estaban entre las propuestas estrella. Se podría pensar que la ausencia de un gran partido ecologista en España es síntoma del retraso que sufre nuestro país, junto a sus vecinos del sur de Europa, en la incorporación de la conciencia verde en la agenda política. Sin embargo, podemos invertir el argumento y considerarlo una oportunidad que debería permitir a los demás partidos apropiarse y capitalizar electoralmente la problemática ecologista.

Acabar con la violencia machista debe ser una prioridad para todo gobierno. Pero daba la sensación de que éste era el único as en la manga que los candidatos tenían preparado para responder a cualquier pregunta sobre desigualdad de género que surgiera durante el debate. Preguntados por qué harían para eliminar la brecha salarial entre hombres y mujeres, por ejemplo, todos acabaron hablando de la violencia machista y los planes de lucha contra ella. Rivera habló en algún momento de conciliación; Sánchez de la educación pública de 0 a 3 años; e Iglesias se refirió a las mujeres mayores de 45 años en paro y riesgo de exclusión. Estas y otras que hubo también a las bajas por maternidad/paternidad fueron referencias puntuales que no forman parte de una visión integral y transversal de la problemática de género. Problemática de la que derivan, sin embargo, algunos de los grandes problemas estructurales de nuestro país – desde la baja tasa de natalidad hasta la dependencia de muchos mayores (mujeres) que no tuvieron oportunidad de cotizar a la seguridad social.

''Rosa pomifera'' by Phyzome (Wikimedia Commons)

”Rosa pomifera” by Phyzome (Wikimedia Commons)

Medio ambiente y género no deberían faltar del discurso de toda aquella formación que aspire a renovar y regenerar la sociedad y la política en el siglo XXI. Son dos cuestiones de naturaleza transversal, esenciales para nuestro futuro y que exigen respuestas cada vez más urgentes. No basta con incluir la justicia climática y de género en los programas electorales. Menos todavía en la forma de pinceladas verdes y rosas de ornamento. Es necesario que los nuevos candidatos interioricen ambas cuestiones y las trabajen en el debate electoral, que se las tomen tan en serio como el paro o la estructura territorial del Estado. De otro modo, nos quedaremos en eso, en las formas, que, aunque necesarias, no son suficientes para hablar de una nueva política.

Olivia Muñoz-Rojas

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2 thoughts on “Género y medio ambiente, los verdaderos ausentes

  1. Estoy muy de acuerdo en que falta en la política española una visión integral y transversal de la problemática de género. Falta también, en mi opinión, una sensibilidad hacia estas cuestiones en la sociedad en general pues exceptuando el tema de la violencia (física) machista apenas si se aborda el conjunto de problemas que abarca el sexismo estructural y la sexuación del mundo.
    Pero creo que hay más, creo que existe un desconocimiento y por tanto falta de respeto de la normativa europea en materia de igualdad por parte de políticos como Albert Rivera -por citar un caso notorio- que en la pasada campaña electoral declaró que en su partido no iban mujeres cabeza de lista de provincias debido a que creía en la “meritocracia”, dando a entender que las españolas no tenían méritos suficientes y por tanto descalificando a todo un colectivo. Cualquiera que tenga la más mínima formación y/o sensibilidad en cuestiones de diferencia sexual sabe que si las mujeres no ocupan espacios de visibilidad y representación no es debido a su falta de méritos pues, por el contrario, obtienen en términos absolutos mejores resultados académicos que el colectivo de los hombres, sino que es debido a un sistema que promueve la masculinidad como norma de excelencia y mérito, es decir, es el sistema de la meritocracia masculina el que expulsa a las mujeres del derecho a representar lo humano en los diferentes ámbitos políticos y culturales. Y es por tanto un desprecio y falta de respeto al colectivo de las españolas el que muestran afirmaciones de esse tipo, desprecio que incluso sería denunciable via judicial por su falta de respeto a la normativa de igualdad.

    • Muchas gracias por tu comentario, Mercedes. Estoy de acuerdo contigo en que existe mucho desconocimiento en materia de igualdad de genero en nuestro pais y que el debate es muy limitado, incluso por parte de las mujeres que están en política y que, sería de esperar, se tomaran muy en serio este asunto. Desde mi punto de vista, hace falta mucho trabajo teórico y practico en este terreno – probablemente, no solo en España – entre otras cosas, para involucrar a los hombres en la lucha por la igualdad (muchos de ellos empiezan a sentirse víctimas del patriarcado también) y para cambiar nuestra actitud como mujeres: necesitamos quizá una actitud mas ofensiva, en el sentido de acción y de hechos, que defensiva y/o agresiva. Ambas cosas son difíciles, pero creo que el avance en materia de igualdad pasa por ahí.

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