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*O. M-R. – Desde París a Delhi, lo que vivimos ahora en el hemisferio norte, lo vivieron ustedes en el hemisferio sur hace unos meses: olas de calor consecutivas y temperaturas récord que se mantienen por varios días. Pocas sociedades están realmente preparadas para afrontar temperaturas por encima de los 40 grados de manera sostenida. Menos aún las ciudades que generan ellas mismas calor. Parte de este calor proviene de los aparatos de aire acondicionado que utilizamos para combatirlo.

Desde que llegamos a Delhi este verano, observo con interés la ubicuidad de los mismos sobre tejados y fachadas, aún en los edificios más destartalados. Por supuesto, también son muchas las construcciones que carecen de sistemas de enfriamiento. Lo mismo los vehículos que transitan por la capital india, incluido el transporte público. Sin embargo, cuando el calor y la humedad de la temporada del monzón aprietan, sólo los espacios interiores climatizados ofrecen unas mínimas condiciones de bienestar físico. Los numerosos ciudadanos indios que no pueden acceder a estos espacios viven en unas condiciones de malestar físico permanente a las que quizá estén acostumbrados, pero que merman sus capacidades físicas y cognitivas, colocándolos en una situación todavía más desventajosa de la que de por sí suponen sus ínfimas condiciones materiales.

Hace ya unos años que la Agencia Internacional de la Energía (IEA) alerta sobre las consecuencias del incremento global del uso de aire acondicionado en términos de consumo energético y emisiones de carbono. Ya en 2018, la IEA calculaba que estos aparatos eran responsables del 20 por ciento del total de la electricidad consumida por los edificios en todo el mundo. Si bien la mayoría de los hogares del planeta carecen actualmente de aire acondicionado, se estima que para 2050 dos tercios contarán con él. El incremento se notará especialmente en las economías emergentes con mayor población como la India, donde se calcula que los sistemas de enfriamiento supondrán un 45% del consumo eléctrico del país.

Aparatos de aire acondicionado sobre la fachada de un edificio en Delhi. Foto de la autora.

El problema no es sólo el aumento en el consumo energético que conlleva esta multiplicación de aparatos de enfriamiento en hogares, oficinas, comercios y edificios públicos, sino que la mayoría de los que se adquieren –esto es, los más económicos– son poco eficientes, disparando las facturas de electricidad de los consumidores. Según algunos estudios, sólo en los países industrializados, los hogares con aire acondicionado pagan entre un 35 y un 42% más de factura de electricidad que los demás, lo cual afecta proporcionalmente más a los hogares con menos ingresos, acrecentando la pobreza energética. La tecnología para reducir el consumo de estos aparatos existe –están, por ejemplo, los acondicionadores de aire inverter que permiten ahorrar hasta un 35% de electricidad. La aspiración de la IEA es que los gobiernos faciliten la adquisición de estos sistemas más eficientes lo que, junto con otras medidas, podría reducir la demanda energética global de enfriamiento hasta prácticamente la mitad en los próximos años.

Desde esta Delhi, donde el calor y la humedad todo lo reblandece, observo, al mismo tiempo, cómo Europa, que batalla estas semanas con el calor extremo, se prepara para un invierno particularmente rudo. Pende sobre el continente la amenaza de desabastecimiento energético que supondría la decisión del Gobierno ruso de continuar cortando el suministro de gas en respuesta a las sanciones europeas tras su invasión de Ucrania. Para atenuar semejante escenario, los miembros de la Unión Europea han trabajado en un pacto destinado a reducir el consumo de energía de los 27 hasta un 15 % entre agosto y marzo de 2023 y aumentar así sus reservas. Con numerosas excepciones, pues no todos los países europeos dependen del gas ruso ni tienen las mismas necesidades energéticas, el plan invita a cada gobierno a tomar medidas concretas de ahorro.

En Alemania, algunas ciudades han eliminado la iluminación nocturna de sus edificios históricos y han cortado el agua caliente en los edificios públicos. En Francia, se pide a los comercios con aire acondicionado que mantengan sus puertas cerradas para que no escape el frío. En España, el Gobierno establecerá que la temperatura en los espacios interiores públicos no pueda bajar de los 27 grados en verano ni sobrepasar los 19 en invierno. Si bien parece haber consenso en que las restricciones al consumo de energía deben ir acompañadas de ayudas del Estado a los sectores más desfavorecidos para evitar el descontento social –recordemos la revuelta de los chalecos amarillos en 2018 tras incrementar el Gobierno francés el impuesto al carburante– la realidad es que los ciudadanos europeos deberán acostumbrarse a ahorrar energía o, en su defecto, pagar un precio muy alto por ella. Hasta cierto punto, la amenaza rusa de cortar el gas simplemente acelera un proceso de transición energética y reducción de emisiones que ya estaba en la agenda de la mayoría de los gobiernos europeos.

Mientras Europa comienza a cerrar el grifo energético, pidiendo sacrificios a sus ciudadanos; en países como la India la tendencia parece la inversa. Es inevitable preguntarse si los sacrificios de unos para reducir su consumo y sus emisiones, no se verán anulados globalmente por el aumento en la calidad de vida de otros, como aquellos ciudadanos indios que, por fin, podrán disfrutar de aire acondicionado en los próximos años y décadas. Las respuestas al reto energético no son sencillas, pero si algo es claro es que la perspectiva de los gobiernos debería ser global y atenta a las consecuencias sociales de cualquier medida. En principio, reducir nuestro consumo energético no tiene por qué significar renunciar a un mínimo bienestar o privar de él a quienes nunca lo tuvieron. Para empezar, y siguiendo las recomendaciones de la IEA, se podría apostar más decididamente por tecnologías de enfriamiento y calefacción más eficientes, pero también construcciones mejor aisladas.

Olivia Muñoz-Rojas

*Este artículo se publicó en la sección de Opinión de Clarín, ‘Crónicas del Nuevo Milenio’, el 21 de agosto de 2022 con el título ‘Sobrevivir al calor extremo, prepararse para el frío duro’.

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