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OPINANTAS / M. Pajarín – Desde el inicio de la Teoría del Desarrollo, las mujeres han tenido que recorrer un largo camino, primero, para lograr visibilizar y reconocer sus aportes a los procesos de desarrollo, y posteriormente, tejiendo y perfeccionando el marco normativo y operativo necesario para promover condiciones hacia un desarrollo equitativo y la consecución de sociedades donde la igualdad entre mujeres y hombres sea una realidad.

En este proceso, y principalmente a partir de la década de los 90, pueden identificarse distintos momentos claves en la conformación de la agenda internacional de desarrollo en los que el alcance de la incorporación de la igualdad de género ha sido desigual. Actualmente nos encontramos en uno de estos momentos históricos en los que la comunidad internacional vuelve a plantearse el modelo de desarrollo al que aspiran sus sociedades. Resulta por todo ello relevante analizar el momento actual de cambios y oportunidades desde una perspectiva de género, a la luz de las lecciones aprendidas en las últimas décadas y poniendo en valor la labor del feminismo internacional en la defensa de los derechos de las mujeres en todo el mundo.

La adopción del Enfoque de Género en el Desarrollo (enfoque GED), especialmente desde la IV Conferencia Mundial de Beijing y su Plataforma de Acción (1995), supuso el hito más relevante en la institucionalización internacional de la igualdad de género. En este proceso, la adopción en 1979 de la Convención sobre la Eliminación de todas las formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW por sus siglas en inglés) constituye el marco declarativo de referencia que favoreció la articulación de los derechos de las mujeres en las sucesivas conferencias temáticas y sectoriales impulsadas por Naciones Unidas (NNUU) en esta década. Así mismo, la Conferencia de Beijing cataliza los avances que habían impulsado las tres Conferencias Mundiales de la Mujer anteriores (México, 1976; Copenhague, 1980; y Nairobi, 1985) que contribuyeron a forjar un movimiento feminista a escala internacional con una considerable capacidad de incidencia.

Mujeres birmanas trabajando el campo (2005). (Wikimedia Commons)

Mujeres birmanas trabajando el campo (2005). (Wikimedia Commons)

 

Desde entonces, la agenda del desarrollo y de la ayuda internacional ha experimentado cambios de envergadura que han influido en la orientación y medición de sus objetivos. Por lo que se refiere a la Agenda de la Eficacia de la Ayuda (Declaración de París) impulsada desde la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), su énfasis en la mejora técnica de los instrumentos de ayuda desde una posición ciega al género, y su escasa atención a las causas estructurales de las desigualdades o al impacto diferenciado por sexo de cualquier acción pública, limitaron su alcance en beneficio de la igualdad entre hombres y mujeres como objetivo de desarrollo. Por su parte, y en el marco de las NNUU, a pesar de que la Declaración del Milenio (2000) reconocía la igualdad como uno de los valores centrales de las relaciones internacionales del siglo XXI, el diseño de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (con solo el ODM 3 centrado en lograr la igualdad de género en la dimensión educativa) pareció olvidar todos los avances teóricos y prácticos en torno a las estrategias de mainstreaming y empoderamiento, ampliamente reconocidas para el logro de la igualdad de género. Ambos procesos supusieron, por tanto, una amenaza considerable a la agenda de género en el sistema internacional.

Es por ello que a partir del 2000 comienza una nueva fase para el movimiento feminista internacional en la que la fatiga y la frustración que provoca la “evaporación” de los aspectos más transformadores de la perspectiva de género en las políticas de desarrollo, provoca tensiones internas en el movimiento y la traslación de los escenarios estratégicos de incidencia desde NNUU hacia espacios compartidos y articulados con nuevos movimientos sociales por otra globalización que comienzan a gestarse a escala internacional. El movimiento feminista internacional necesitó abrirse a nuevos espacios y acoger en su núcleo planteamientos desde la diversidad (geopolítica, generacional, étnica, cultural, sexual, etc.) capaces de renovar sus bases de apoyo y de ampliar su discurso. Las organizaciones de mujeres necesitaron también mejorar sus capacidades técnicas ante el desafío que suponía la incorporación de la perspectiva de género en los nuevos instrumentos y modalidades de ayuda, se esforzaron por visibilizar el auge de posiciones reaccionarias (especialmente en materia de derechos sexuales y reproductivos) y, finalmente, trataron de fortalecer y poner en marcha estrategias colaborativas de incidencia en espacios de negociación pública e institucional de la agenda.

Como en todos los procesos de cambio social, la presión de las organizaciones de la sociedad civil (OSC) ha resultado decisiva para la repolitización (en términos de ampliación de sus dimensiones y en alcance participativo) de la agenda de la eficacia en los Foros de Alto Nivel sobre la Eficacia de la Ayuda (HLF) celebrados en Accra (2008) y en Busan (2011), así como la declaración de Doha (2008) sobre Financiación para el Desarrollo. En estos foros las OSC han sido finalmente reconocidas como actores de pleno derecho. Las organizaciones de mujeres altamente organizadas en plataformas como el Foro Global de las Mujeres fueron decisivas para que los HLF recogieran de manera más contundente la importancia de la igualdad de género. Así mismo, han trabajado en una hoja de ruta propia capaz de rescatar la vigencia de los compromisos de la CEDAW y de Beijing, realizando una lectura desde el enfoque de género de los principios de París.

Organizaciones como AWID (Asociación para los Derechos de la Mujer y el Desarrollo), DAWN (Development Alternatives with Women for a New Era) o red WIDE (Women in Development Europe), así como el GENDERNET del CAD, resultaron agentes clave en la articulación del discurso y en la difusión de información sobre el proceso.

El actual proceso de agenda post-2015, articulado desde NNUU como un proceso bottom-up de consultas temáticas nacionales, regionales y globales, se está mostrando como una oportunidad favorable a la igualdad de género. El impulso del movimiento de mujeres organizado (Women’s coalition, Women’s Major Group, etc.) en coordinación con ONU Mujeres, el renovado acento en el análisis de las causas estructurales de la pobreza y la desigualdad o la búsqueda de fórmulas de gobernanza internacional más inclusivas, representativas, legítimas y eficaces, se muestran como factores de oportunidad. En julio de 2014, se presentó la primera propuesta de Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) cuyo documento ­final se espera adoptar en la cumbre que se celebrará en septiembre de 2015 en Nueva York. El ODS 5 se centra en lograr la igualdad de género y empoderar a las mujeres con metas específicas que abordan diferentes dimensiones de la autonomía de las mujeres: económica, política, sexual y reproductiva y una vida libre de violencia, etc., así como metas relacionadas con los derechos de las mujeres en otros objetivos.

El movimiento global por los derechos de las mujeres ha tenido un papel especialmente relevante en estos procesos de cuestionamiento e incidencia en consonancia con la trayectoria del feminismo como teoría crítica y movimiento social. Como ya pusieron en valor los primeros feminismos, las mujeres conocen en cada contexto los principales obstáculos a su autonomía y desarrollo personal en condiciones de igualdad y plantean visiones propias y alternativas en torno a un desarrollo orientado a las personas y a la sostenibilidad de la vida. Las organizaciones feministas han sido pioneras también en la creación de redes creativas (entre academia, ámbito político y sociedad civil) y redes globales para el cambio social. Esperamos que la agenda post-2015 recupere la centralidad de la igualdad de género como motor y objetivo indispensables para un desarrollo humano y sostenible; su posición será sin duda un importante indicador de la consistencia y del alcance transformativo de la nueva agenda global de desarrollo.

Marta Pajarín García

Investigadora Asociada del Área de Género del Instituto Complutense de Estudios Internacionales y consultora en género y desarrollo.

*Una versión más extensa y detallada de este artículo se publicó con el título ‘Género y desarrollo: ¿es la agenda post-2015 una oportunidad en el avance hacia la igualdad de género como objetivo de desarrollo?’ en el número 28 de la revista Relaciones Internacionales.

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