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OPINANTAS / M. Lageiste – Al reflexionar sobre la situación de la mujer en los barrios llamados ‘sensibles’ de París, me doy cuenta de que las cosas han cambiado de unos años para acá. No en la mentalidad, no. Sencillamente, de la manera más natural, ¡he ido acumulando arrugas! Ya no soy la carne fresca de antes; todo el mundo piensa que estoy casada (o si no, peor para mí, ¡es demasiado tarde!). Sí, es impresionante como, al pasar la treintena, la mirada depredadora del hombre sobre la mujer se atenúa. Si bien, todo depende del atuendo. Un día en que iba a asistir a la boda de un amigo, llevaba tacones, minifalda y medias transparentes –trío infernal–  y heme aquí, jovencita de nuevo. A mi compañero no se le escapó la actitud animal hacia mi silueta. Más joven, cuando caminaba sola por la calle, llegué a escuchar de todo. Un día que cargaba un kit de estantería, delgado, pero pesado; me cruzo con tres hombres. Uno de ellos les sugiere a los otros ayudarme, a lo que uno responde, “quería cargar sola con el mueble, ¿no?; pues que se las apañe”. Es una anécdota, entre otras muchas. Parece que nuestro cuerpo no nos pertenece, y si una decide lo contrario, ofende a algunos de estos caballeros. Un día, mientras esquivaba el clásico “hola, preciosa”, el autor del halago me increpó, molesto por mi silencio, con un furioso, “podrías decir gracias, perra”. He trabajado, sigo trabajando, en estas zonas urbanas sensibles. A veces, luchas por hacerte respetar por un grupo de adolescentes, llega un compañero de trabajo, y asunto zanjado. Es tan humillante como los restaurantes donde se niegan a servirte porque eres mujer. O como cuando atiendes a un hombre y éste se dirige al hombre más próximo a ti: “¡Gracias, jefe!”. Están también los bares donde te sirven algo de comer mientras te tomas unas cervezas con una amiga, no vaya a ser que os emborrachéis demasiado rápido… delicada atención, ¡y delicioso cuscús! Son bares en su mayoría frecuentados exclusivamente por hombres, algo de lo que todas las mujeres se percatan, pero en menor medida sus homólogos masculinos. El café es un espacio a conquistar en estos barrios, y las iniciativas locales de grupos de mujeres que, con su presencia en ellos, invitan a la convivencia, muy de agradecer. Para que acaben de una vez los malentendidos ligados a la falta de comunicación entre los sexos.

Maud Lageiste

Bibliotecaria en la periferia parisina.

(Traducción de O.M-R.)

'Night in Paris' by Zdenko Zivkovic. (Wikimedia Commons)

‘Night in Paris’ by Zdenko Zivkovic (adaptado). (Wikimedia Commons)

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One thought on “Ser mujer en el espacio público de los barrios ‘sensibles’

  1. Excelente relato que puede ser aplicable a muchos espacios privados que no deberian ser tan sensibles. Yo trabajo en un entorno multicultural (una organizacion internacional) y en donde la media de educacion es bastante alta. Sin embargo, las expresiones de machismo, aunque en menor medida, siguen presentes. Por ejemplo, mis colegas de igual rango que el mio tienen que tolerar que otros colegas que desconocen nuestros rangos, me traten como si yo fuese el jefe y asi se dirigen principalmente a mi. Para revertir esta situacion, no es poco comun que mis colegas tengan que incrementar su visibilidad hablando con un volumen mas fuerte o interrumpiendo al que habla para dejar claro que estan hablando entre iguales. Como es de esperarse, muchas personas interpretan estas actitudes como innecesariamente agresivas sin comprender que el que realmente se ha equivocado de actitud es aquel que ha asignado roles de poder de acuerdo con el sexo de las personas que tiene enfrente.

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