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O.M-R. – Hace casi una década entrevisté a Szilvia Malik sobre el ascenso y la consolidación en el poder de Víktor Orbán en Hungría. Hoy, en un intercambio de correos, retomo la conversación en profundidad.

Szilvia es húngara, nacida en 1980, y ha vivido en el extranjero —en Estados Unidos, Dinamarca, Australia y ahora Francia— durante la mayor parte de su vida adulta. Desde la última vez que hablamos, Hungría ha vivido algo que en su momento parecía improbable: la caída de Víkor Orbán, un líder que había dominado su política durante más de una década. Su sucesor, Péter Magyar —antiguo hombre de confianza de Fidesz convertido en líder opositor— llegó a la presidencia del gobierno en apenas dos años, impulsado por un escándalo público que muchos húngaros vivieron como un punto de quiebre. Su partido, Tisza, gobierna ahora un país que intenta algo poco habitual dentro de la UE: reconstruir las instituciones democráticas y recuperar la confianza de Bruselas tras años de gobierno iliberal. Le pregunto a Szilvia cómo se ve esta transición desde dentro y si se siente más inclinada a volver a su país.

Cuando hablamos en 2018, describiste a la sociedad húngara como un «caballo indomable» que un político populista como Viktor Orbán había logrado montar. Mirando atrás, ¿sigues pensando que esa imagen capta lo que ocurrió en Hungría a partir de la década de 2010?

Creo que cuando comparé a la sociedad húngara con un caballo indómito, lo que quería decir era que se trataba de una nación armada de agravios históricos y sentimientos nacionalistas, y que Orbán fue lo bastante hábil como para montar ese caballo durante casi dos décadas. Sin embargo, bajo el mando de su jinete, el caballo se fue convirtiendo poco a poco en un rocín agotado y maltratado.

Con los años, al sistema de Orbán se le apodó el Sistema de Cooperación Narcisista (en lugar de su nombre oficial, el Sistema de Cooperación Nacional). El Gobierno pareció desarrollar una relación narcisista con la ciudadanía, en la que la manipulación psicológica jugó un papel central. A través del gaslighting, la propaganda y la fabricación constante de enemigos, condicionó a mucha gente a aceptar su relato y ayudó a prolongar su permanencia en el poder.

Para ser sincera, no pensaba que esta trayectoria pudiera revertirse a medida que el país se hundía cada vez más en la corrupción, la miseria y un discurso público áspero y cargado de desprecio.

Y sin embargo, no sin cierta ironía, del mismo modo que Orbán supo ver en su momento la oportunidad de domar al caballo indómito, Magyar apareció justo en el momento oportuno para rescatar al rocín agotado: ambos supieron leer el estado de ánimo de la nación y llegaron cuando la gente ansiaba un cambio. La diferencia es que, mientras Orbán aprovechó la energía del caballo para consolidar su propio poder, Magyar se presenta como alguien que trata de devolverle sus fuerzas y dejarlo correr en libertad nuevamente.

Durante años, Orbán parecía electoralmente invencible. ¿Ha cambiado la sociedad húngara, o es el sistema político el que ha cambiado?

La gente empezaba, poco a poco, a estar harta. Todo el país estaba cubierto de vallas publicitarias de propaganda bélica ridículas y absurdas. El miedo era una parte constante de la vida cotidiana. Los niños empezaban a preguntar a sus padres si habría una guerra y si sus hermanos mayores se convertirían algún día en soldados.

Irónicamente, fue la vulnerabilidad de los niños lo que ayudó a cambiar la situación. En febrero de 2024 estalló un gran escándalo cuando se hizo público que un delincuente condenado, vinculado a un hogar de menores, había recibido un indulto presidencial. El indulto había sido aprobado por la ministra de Justicia y la presidenta de Hungría, ambas mujeres. La sociedad húngara había llegado a su límite.

Asistí a la manifestación organizada por influencers húngaros en protesta por esta decisión y el ambiente era inquietante. Una multitud enorme, pero silenciosa, llenaba la Plaza de los Héroes. Había rabia, decepción, tristeza, frustración… pero faltaba algo: un líder.

Tuve la sensación de que, si alguien hubiera subido a ese escenario y ofrecido una dirección, la multitud lo habría seguido. Pero no había nadie, y la gente se dispersó en un estado de abatimiento.

Péter Magyar apareció poco después. Percibió ese mismo vacío en el terreno político. El 10 de febrero de 2024 publicó en Facebook un mensaje que hoy se considera ampliamente el momento en que Magyar rompió públicamente con Fidesz e inició su transformación de hombre del sistema a principal adversario de Orbán.

Ese mismo día dimitieron la presidenta Katalin Novák y la exministra de Justicia Judit Varga (entonces ya exesposa de Magyar y madre de sus tres hijos) a raíz del escándalo del indulto. En aquel mensaje, Magyar anunció su renuncia a cargos en organismos vinculados al Estado y declaró que no quería seguir formando parte de un sistema «donde los verdaderos responsables se esconden detrás de las faldas de las mujeres».

Lo que vino después fue un ascenso político extraordinariamente rápido.

«Una multitud sin líder». Manifestación contra el Gobierno de Orbán en la Plaza de los Héroes de Budapest, el 16 de febrero de 2024, tras el escándalo por el indulto concedido en un caso de abusos sexuales a menores. Autora: Szilvia Malik

¿Qué representa Péter Magyar en la política húngara? ¿Una ruptura con la era Orbán, una corrección de sus excesos, o algo distinto?

Personalmente, me parece una figura fascinante. Se ha convertido en una especie de lienzo en blanco sobre el que distintos sectores del espectro político proyectan sus propias esperanzas, miedos y expectativas de cambio.

Para algunos, es producto de la derecha, cuyo desencanto con los excesos del régimen de Orbán acabó llevándolo a romper con él. Para otros, recuerda a una figura de los cuentos populares húngaros: el joven pastor de gansos (Ludas Matyi) que se alza y derrota al tirano. Para sus críticos, en cambio, es un traidor que se volvió contra el propio sistema que lo formó a él y a su familia, tras haber sido durante años partidario de Fidesz.

Con todo, conviene señalar que Magyar sigue siendo, en el fondo, un político de derechas con un fuerte sentimiento nacionalista, que se ha rodeado de personas de procedencias políticas muy diversas. Sus críticos suelen preguntarse cómo podrá funcionar un gobierno que representa a tantas corrientes de pensamiento.

Para mí, sin embargo, Magyar es sobre todo la persona que logró derribar el sistema. Tenía muchas de las cualidades necesarias para desmontarlo, tal como él mismo prometió una y otra vez, «ladrillo a ladrillo». Tenía la resistencia, la determinación, la audacia, la dureza y el coraje necesarios para semejante tarea. Y, sobre todo, tuvo la capacidad de sostener tareas monótonas, como visitar varios cientos de pueblos y ciudades repitiendo los mismos discursos durante dos años de campaña. Puede que no sea un personaje fácil ni universalmente simpático, pero posee el tipo de carácter capaz de asumir ese reto.

Quizá su mayor ventaja fuera conocer el sistema de Orbán desde dentro, y por eso saber cómo protegerse de él. Una y otra vez, pareció capaz de anticiparse a los ataques dirigidos contra él.

Está por ver si llegará a convertirse en un gran político, en un estadista respetado, o simplemente en el hombre que puso fin a una era.

¿Hasta qué punto dependía el orbanismo del propio Viktor Orbán? ¿Puede sobrevivir a su derrota electoral la cultura política que creó?

Según las últimas encuestas, cerca de dos tercios de los votantes creen que el país avanza en la dirección correcta. También ha sido noticia recientemente de que cada vez más votantes de Fidesz votarían ahora a Tisza.

Seamos claros: Fidesz era, en gran medida, Orbán. Ahora que él ha abandonado el Parlamento, sus miembros de partido se debaten como una minoría. Actúan como un rebaño sin pastor. Sin embargo, siguen existiendo muchos votantes fieles y su confianza en Orbán no va a desaparecer de la noche a la mañana. Muchos le restarán importancia a todo lo que sale a la luz sobre corrupción, propaganda, etcétera, pues admitir esas evidencias les generaría disonancia cognitiva, así que tienden a racionalizarlo en lugar de cambiar de opinión.

La cultura política de Orbán sigue presente, sobre todo en las cabezas y en el discurso de la gente. Quienes lo apoyaban siguen siendo extremadamente críticos y desconfiados con todo lo demás.

Se ha escrito mucho sobre el retroceso democrático. ¿Qué estamos aprendiendo sobre el proceso inverso? ¿Cuán difícil es reconstruir instituciones tras más de una década de control político antidemocrático?

Probablemente sea tan difícil como apasionante. Es raro, si no inédito, que un Estado miembro de la Unión Europea tenga que reconstruir sus instituciones democráticas y restaurar las normas democráticas tras años de funcionamiento bajo lo que muchos han descrito como un sistema iliberal. Sin embargo, hasta ahora los primeros pasos parecen ir en la dirección correcta: limitar la concentración de poder a largo plazo, reforzar la supervisión independiente, mejorar la transparencia, combatir la corrupción y hacer que las instituciones dependan menos de un único líder político o partido.

El Gobierno de Tisza ha anunciado planes para crear una nueva institución de apoyo al trabajo anticorrupción: la Oficina Nacional de Recuperación y Protección de Activos. Este organismo independiente respondería únicamente ante el Parlamento y tendría amplias competencias de investigación y recuperación de activos para rastrear, recuperar y prevenir la presunta malversación de un estimado de 30 billones de forintos en activos públicos perdidos por corrupción y operaciones ilícitas durante las dos últimas décadas.

En el Parlamento, el Gobierno ha votado reducir los salarios de los diputados e introducir límites de mandato para los cargos electos, incluido el primer ministro. Según las nuevas normas, un primer ministro podrá ejercer como máximo ocho años. La intención es evitar que surja un sistema político en el que un único líder pueda permanecer en el poder durante décadas, como hizo Viktor Orbán.

También hay planes para crear un sistema electoral más justo, diseñado para reducir la probabilidad de que futuros gobiernos obtengan mayorías parlamentarias abrumadoras. Tanto Tisza como, antes, Fidesz gobernaron con mayorías de dos tercios, lo que les permitió aprobar prácticamente cualquier legislación y modificar la constitución con una oposición parlamentaria limitada.

Además, Hungría está en proceso de incorporarse a la Fiscalía Europea (EPPO), lo que se espera que refuerce la supervisión de los fondos de la UE y contribuya a garantizar que el dinero de los contribuyentes europeos se gasta adecuadamente.

El Consejo de la Unión Europea también ha aprobado el plan de recuperación de Hungría, poniendo a disposición del país hasta 10.000 millones de euros, de los cuales aproximadamente 6.500 millones son subvenciones y 3.500 millones, préstamos. Para acceder a estos fondos, Hungría debe implementar una serie de reformas y proyectos de inversión acordados. La financiación se canalizará a través del programa europeo de recuperación pospandemia, NextGenerationEU.

¿Has observado cambios significativos en el panorama mediático de Hungría en este proceso, especialmente desde el cambio de gobierno?

Sí. El Gobierno propuso y posteriormente aprobó una legislación para sustituir la antigua estructura de los medios públicos. La agencia estatal de noticias, MTI, se separó como organización independiente, con su propio presupuesto y marco de gobernanza.

Los principales medios del antiguo aparato propagandístico han ido perdiendo, poco a poco, la financiación estatal. Algunos han tenido dificultades para adaptarse al nuevo entorno; por ejemplo, hay noticias de que Mandiner se ha visto obligado a alquilar parte de sus instalaciones de estudio para generar ingresos adicionales.

Los servicios públicos de televisión y radio de Hungría suspendieron sus informativos habituales y emitieron un comunicado que decía:

«Los medios públicos no deben mentir. Pedimos disculpas por haberlo hecho durante muchos años. Los medios públicos están siendo reformados en estos momentos para que puedan llegar a ser independientes y fiables en el futuro. Los servicios informativos quedan suspendidos temporalmente. Por favor, sigan con nosotros

La emisora pública húngara Kossuth Rádió anunció que emitiría únicamente música clásica hasta que su programación de noticias y actualidad pudiera reorganizarse bajo el nuevo modelo de servicio público.

Cuando estuve en Hungría en julio pasado, encendí la radio pública en el coche y debo admitir que, al principio, estaba tensa escuchándola. Pero, me sorprendí, solo había noticias ‘secas’, sin distorsión alguna, así que mi cuerpo fue relajándose poco a poco durante el trayecto.

Hungría pasó años cuestionando el consenso liberal dentro de la Unión Europea. ¿Cómo está intentando redefinir Hungría su lugar en Europa hoy?

Una de las primeras cosas que hizo el nuevo gobierno, inmediatamente después de la ceremonia de investidura, fue volver a alzar la bandera de la Unión Europea en el edificio del Parlamento, tras haber sido retirada en 2012. Para mí, fue un momento especialmente significativo, ya que yo trabajaba en el Parlamento Europeo cuando se izó por primera vez, coincidiendo con la adhesión del país a la UE. Verla de vuelta fue muy simbólico: una señal clara de que Hungría está encontrando el camino de vuelta a Europa.

Poco después, Péter Magyar y su equipo lograron negociar con la Unión Europea el desbloqueo de una financiación sustancial para Hungría que había estado congelada. Esto ha sido considerado de manera generalizada como un paso importante hacia la reconstrucción de la confianza entre Hungría y sus socios europeos.

Políticamente, Tisza ha buscado posicionarse como un partido de centro-derecha comprometido con los valores europeos. Su objetivo declarado no es solo mejorar las relaciones con la Unión Europea, sino también reconstruir y fortalecer las instituciones democráticas en Hungría. Solo el tiempo dirá si lo consiguen.

Péter Magyar, fundador de Talpra Magyarok Közössége y vicepresidente del partido Respeto y Libertad (Tisza), en Szigetszentmiklós, el 2 de junio de 2024. Autor: MrSilesian (Wikimedia Commons)

La identidad nacional jugó un papel central en el proyecto político de Orbán. ¿Crees que ese énfasis en la nación se ha debilitado con la transición política o se ha convertido en un rasgo duradero de la vida pública húngara?

La identidad nacional sigue siendo muy importante para Magyar y el nuevo gobierno de Tisza. De hecho, sin un fuerte énfasis en la identidad nacional habría sido imposible que Tisza se ganara a una parte tan amplia de los antiguos votantes de Orbán. La bandera tricolor húngara ha sido un elemento destacado en mítines y celebraciones nacionales.

En muchos sentidos, esto ha supuesto un intento de reclamar los símbolos nacionales de manos de Fidesz, que durante años se presentó como el único representante de la nación y se apropió del lenguaje y la imaginería del patriotismo con gran eficacia.

Al mismo tiempo, se está redefiniendo el significado de ser húngaro. Bajo Tisza, la identidad nacional ya no se presenta como algo opuesto a Europa o a la democracia liberal. Al contrario, el Gobierno ha tratado de promover una comprensión de la identidad húngara que sea a la vez patriótica y europea, abrazando las tradiciones nacionales y la soberanía sin dejar de comprometerse con los valores democráticos, el Estado de derecho y la cooperación europea. Por otra parte, el primer viaje de Magyar como primer ministro fue a Polonia, lo cual fue una primera señal de que el Gobierno también intenta reforzar su identidad dentro del Grupo de Visegrado.

Cuando hablamos la última vez, describiste tu vida en el extranjero como una forma de exilio voluntario. ¿Sigues sintiéndolo así? ¿Ha afectado el cambio político en Hungría a tu relación con la idea de volver a tu país?

Aunque mis decisiones personales influyeron en mi decisión de dejar Hungría, también creo que el hecho de que el régimen de Orbán se mantuviera en el poder durante dos décadas influyó en mi decisión de quedarme en el extranjero y no plantearme seriamente volver. Dos medios para los que colaboraba como freelance cerraron durante este periodo, y a menudo he sentido que, como alguien que trabaja con el idioma húngaro, se me privó de oportunidades que fueron a parar, en cambio, a personas con vínculos con el círculo de Orbán.

Desde el cambio de gobierno, hemos empezado sin duda a acariciar la idea de volver a Hungría, al menos durante un año. Sin embargo, preferiría esperar un poco más—hasta que la brecha entre la izquierda y la derecha política sea menos pronunciada de lo que es hoy; y hasta que las reformas del nuevo gobierno hayan tenido tiempo de arraigar y dar resultados visibles.

Sobre todo, me gustaría ver una Hungría donde el discurso público esté menos polarizado y menos alimentado por el odio; donde la gente pueda relacionarse sin hostilidad ni sospecha constantes. Si eso ocurrirá pronto es algo incierto. Quizá, para eso, tengamos que esperar un poco más.

Entrevista realizada por Olivia Muñoz-Rojas

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