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OPINANTAS / O.M-R. – La evidencia está al alcance de todos: el número de artículos de opinión escritos por mujeres en la prensa nacional e internacional es alarmantemente bajo. Según las pocas cifras que se manejan al respecto, las firmas femeninas constituyen entre el 10 y el 20 por ciento de estos artículos y en algunos casos el porcentaje es incluso menor. Esto quiere decir que buena parte del debate público lo definen y lo guían, esencialmente, hombres. Ello a pesar de que, no solamente la mitad de la sociedad (y potenciales lectores) son mujeres, sino que, a día de hoy, como revelan numerosos estudios, el número de mujeres profesionales y expertas en condiciones de emitir opiniones informadas sobre diferentes temas de actualidad es, por lo menos, equiparable al número de hombres.

En nuestro país, un estudio realizado en 2013 por el Observatorio Cultural de Género para el ámbito de Cataluña (aunque, como señala su directora, Mª Angels Cabré, los resultados deberían ser extrapolables al resto del Estado) concluía que sólo un 21,43 por ciento de los artículos de opinión en prensa escrita los firman mujeres, es decir, menos de la mitad de lo que sería representativo de la sociedad en su conjunto y, por tanto, deseable en una democracia. (El periódico ABC contenía el menor porcentaje de firmas femeninas en su sección de opinión con un 15 por ciento y el porcentaje más “alto” lo alcanzaba El País con casi un 26 por ciento que, sin embargo, descendía a un 6,6 por ciento en secciones como La Cuarta Página).

En EEUU, The Op-Ed Project, asociación creada en 2008 con el objetivo de promover la diversidad y calidad de las ideas que se divulgan en los medios, publicaba resultados similares en su informe 2012 Byline Report, realizado a lo largo de 2011. Destacaba, al mismo tiempo, una mayor participación femenina, hasta un 33 por ciento, en los llamados nuevos medios (como el Huffington Post), y hasta un 38 por ciento en las revistas universitarias. Concluía además que el número de firmas femeninas en los medios tradicionales había aumentado en los últimos seis años (un 5 por ciento en el New York Times y un 9 en el Washington Post, por ejemplo). Sin embargo, explica el informe, cuando se analiza en detalle sobre qué temas escriben unos y otras, el panorama resulta menos alentador y puede constatarse que las autoras de opinión se concentran en ámbitos de actualidad y conocimiento tradicionalmente asociados a la mujer (temas de género, comida, familia, moda, salud). Por ejemplo, tan solo un 11 por ciento de los artículos de opinión sobre economía los firmaban mujeres (solas o en coautoría), a pesar de que ya en 2003 el 32 por ciento de los doctores en Economía egresados de las universidades estadounidenses eran mujeres.

¿Cuáles son las razones de esta disparidad entre nivel de formación y pericia, por un lado, y aportación al debate público, por otro? Existen factores estructurales, como la desproporcionada presencia de hombres en los puestos directivos y los Consejos de Administración de los medios de comunicación y también, aunque en menor medida, en las propias redacciones. Hombres que, en principio, tienden a favorecer las aportaciones de los miembros de su sexo, porque, en términos generales, se identifican más con ellos y a menudo se relacionan a través de las mismas redes y círculos sociales. Pero, ante todo, está el hecho de que son menos las mujeres que espontáneamente envían textos a las redacciones de opinión como lo son aquellas que aceptan invitaciones, en calidad de expertas, para escribir sobre temas específicos. A título de ejemplo, en 2008, Autumn Brewington, redactora de opinión de The Washington Post, estimaba que tan solo uno de cada diez artículos de los más de cien que recibía diariamente estaba escrito por una mujer. Las cifras dadas por otros redactores coinciden.

En un análisis sobre la desigual participación de hombres y mujeres en los blogs políticos, Silvia Claveria explica que “los hombres son más proclives a sentirse más confiados en sus capacidades, más seguros en sus ideas, menos adversos al riesgo” que las mujeres y, por tanto, tienen menos prurito a la hora de expresar y difundir sus opiniones. Las mujeres, por el contrario, sobre todo las generaciones de más edad, han sido socializadas desde la infancia en la discreción y la escucha, a no ser vehementes y procurar agradar al prójimo. Como sugiere la periodista canadiense Olivia Lévy en uno de los escasos artículos sobre mujeres y opinión, este tipo de socialización hace que las mujeres se vuelvan más vulnerables a la exposición pública y estén menos acostumbradas a recibir críticas que los hombres. Esto dificulta enormemente la participación en el debate público, pues cuando uno se expone públicamente y expresa sus opiniones, siempre va a encontrar críticas; es imposible agradar a todo el mundo. Desde esta perspectiva, estaríamos ante un problema de actitud que explicaría también la resistencia que muestran incluso mujeres a quienes expresamente se invita a escribir sobre temas en los que son reconocidas expertas. Algunas piensan que sus conocimientos no son lo suficientemente relevantes, o tienen miedo a no estar “a la altura” de lo que, asumen, se espera de su aportación.

Este problema de actitud exige un esfuerzo y un cambio de mentalidad por parte de las mujeres que están en posición de contribuir con su opinión al debate público. Pero también de la sociedad en su conjunto para la cual, por la inercia de patrones y modelos del pasado, el prototipo del experto, el pensador, el autor de opinión sigue siendo un hombre (y, en nuestro entorno, probablemente blanco y con alguna cana), y para la cual (incluidas las mujeres) la opinión vertida por un varón sigue pesando más que la de una mujer. Recordemos, como dice la periodista Katherine Lanpher, que participar de los espacios de opinión no es un mero asunto de escritura – es una cuestión de poder. Sin abandonar la lucha por aumentar la diversidad en los medios escritos tradicionales, quizá el objetivo de una mayor participación femenina en la divulgación de opinión -y, en último término, la construcción de espacios de debate igualitarios y diversos-  pase por apropiarnos de las nuevas estructuras y medios de información (blogs, foros, prensa online). OPINANTAS busca ser una pequeña contribución a esta labor que no concluirá hasta que deje de tener sentido la existencia de páginas y blogs en los que exclusivamente escriban mujeres.

Olivia Muñoz-Rojas

Aprovechamos, simbólicamente la fecha de hoy, domingo 8 de marzo de 2015, Día Internacional de la Mujer, para lanzar la sección OPINANTAS, un espacio para la opinión de mujeres.  A este artículo introductorio, sigue un artículo de Alicia Fernández López sobre ‘la falsa asepsia política del desarrollo’.

Si te interesa colaborar (desinteresadamente) con OPINANTAS, puedes enviar tu propuesta/texto a: olivia2001e@yahoo.es. El formato es el de un artículo de opinión de entre 6000 y 7000 caracteres con espacios.

Una versión de este artículo se publicó el 8 de marzo de 2016 en El Huffington Post.

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2 thoughts on “Mujeres y opinión

  1. No tenía ni idea… gracias por estos datos. Es fundamental que, con el tiempo, cambiemos esta situación…

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